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Comida Afrodisíaca en Santiago


La farmacología sólo ha resuelto una parte de la sexualidad humana. El gran misterio continúa allá afuera y una buena forma de salir a buscarlo es despertar el goce a través del universal acto de comer. Interesante artículo que encontramos en La Nación.
[Felipe Castro] Los más pragmáticos se quedan tranquilos alegando que el tema de la performance amatoria (masculina, al menos) ya se solucionó: basta ir a la farmacia vecina, desembolsar un poco de dinero, adquirir una de esas pastillitas azules o amarillas con apellido "fil" y problema arreglado. El fin de la historia y las excusas tras una lánguida velada.
Pero en el sexo no todo es mecánica y sondajes. Hay que ser muy inocente para pensar que con la conquista de la erección, el laboratorio se echó al bolsillo uno de los misterios que dan sentido a la vida humana. Eso lo saben los sibaritas que, cobijados por las velas, insisten en encontrar la sensualidad a través del sabor, los aromas y el éxtasis de la experiencia gastronómica. Una recomendable "previa" para dar cuerda a las viejas buenas costumbres amatorias.
En el tema de la comida afrodisíaca parece haber dos escuelas: los que confían en las características del producto y los que decantan por la experiencia culinaria como un acto capaz de estimular los sentidos, generando en los amantes un estado de conexión tántrica que en buen chileno llamamos "calentura".
Recorriendo algunos puntos de Santiago es posible encontrar las dos escuelas, que han sido importadas de distintas latitudes: las frías aguas del sur chileno, las cálidas costas del Perú, y el lejano oriente plagado de especias y sabores exóticos. Todas conviven conscientes de sus propiedades sin entrar en conflicto. Puro amor.

Las Criaturas del Mar
Las crónicas dicen que el incansable Casanova -cuyo apellido ha servido para bautizar a los amantes más golosos- se recuperaba de sus habituales cañas devorando 50 ostras frescas al hilo. Con tal desayuno quedaba repuesto y energizado para su rutina de sexo en cantidades industriales con cualquier cosa que se atreviera a pasar delante de él moviendo demás la cola.
Con propósitos menos orgiásticos que los del francés, don Lorenzo Soto lleva 18 años instalado en una esquina de Bilbao promoviendo las cualidades de los productos marinos en Ostras Calbuco. Tal como el nombre lo indica, el plato fuerte del negocio son estos moluscos bivalvos de fuerte sabor, que acompañados por un buen vino blanco tienen la fama de ser un potente afrodisíaco desde los tiempos del Imperio Romano.
"Nosotros promovemos las cualidades energizantes de las ostras, que tienen que ser consumidas crudas para mantener inalterables sus cualidades", dice don Lorenzo, que entre su clientela cuenta ministros, empresarios, actores y ciudadanos de a pie. Algunos buscando explícitamente algo para reponer (o generar) fuerzas y otros menos explícitos en sus fines.
El hombre sabe y junto a su esposa, Olga Mancilla, cuentan que en la zona de Calbuco, Chiloé y Melinka, los mariscos son parte importante del ritual amatorio, ya sea en forma de curanto, cebiche o directamente de la concha, amortiguados por un chorrito de limón.
"Popularmente se les atribuyen virtudes energizantes o afrodisíacas a ciertos brebajes como los llamados ponches de erizo o de picoroco, que mezclan mariscos con vino", observa Carlos Reyes, cronista gastronómico de la revista Wain y autor del blog www.unocome.cl.
Tras constantes recorridos por las mesas de picadas y restaurantes de mantel largo que ofrecen productos nacionales, Reyes explica que a las preparaciones en crudo se suma una larga lista de caldos de mariscos y concentrados varios, que han sido bautizadas como "criatureras", cuya finalidad no es otra que "reconfortar físicamente gracias a sus aportes nutricionales (minerales, proteicos, vitamínicos) y se pueden extrapolar fácilmente al reforzamiento de las virtudes amatorias".
Desde el segundo piso de La Leyenda del Ají Seco se puede observar la ajetreada esquina de la Alameda con Santa Rosa sin ser visto. Tras los enormes letreros que anuncian los eventos que marcan la agenda capitalina o promocionan prestobarbas, éste es uno de los tantos rincones donde se vive la sazonada apuesta culinaria de la colonia peruana, que a punta de pisco sours, cebiches y parihuelas, ha llegado para quedarse.
Los hermanos Pepe y Carlos Salinas son de lo más limeños que hay. Siendo el primero locutor radial y el segundo chef y empresario gastronómico, era de esperarse que fueran divertidos comensales, que a ratos se atropellan para hablar y a ratos expresan a coro los saberes y sabores ancestrales en temas afrodisíacos que los hijos del viejo virreinato han traído a tierras chilenas.
"Tienes que pensar que el Perú es un país en el cual confluyen elementos de la sierra, la costa y la selva, mezclado con una inmigración y una diversidad que llega desde diferentes partes del mundo", explica Pepe Salinas, dando cuenta de las diferentes miradas de las que bebe el erotismo made in Perú. Para el locutor del programa ‘Buenas Tardes Perú’ de Radio la Mexicana AM, todo esto se resume en canciones como ‘Cardo o Ceniza’ que en boca de Chabuca Granda mezclan infinitas influencias para cantarle a la expresión física del amor.
Pero no vamos a entrar al conocido tema del polvo de maca, la quínoa y la uña de gato. Nos vamos a olvidar de los cócteles como el ‘Rompe Calzones’, el ‘Levántate Lázaro’ o el ‘Para Para’ y de todos los mejunjes que, en mayor o menor medida, tienen la clara finalidad de convertirse en antecedentes del sildenafil. Lo que haremos es acercarnos a algunos códigos dignos de ser incorporados al arte de la persuasión amatoria y sobre los cuales los peruanos saben.
"Por ejemplo, cuando vas a invitar a una mina a comer no se te puede ocurrir invitarla a un pollo asado con papas fritas", instruye Carlos, para después explicar que "lo que debes hacer es empezar con un pisco sour y pedir de entrada un cebiche. Cuando ya se ha acabado el pisco sour toca pedir una cerveza negra. Cuando te aceptan la cerveza negra prepárate, porque después del restaurante la cosa se pone buena".
La cerveza negra, explica el chef, es un excelente tónico que además de proveer la energía de las nobles maltas y granos, esconde tras su dulzor la posibilidad de generar una pequeña embriaguez que termina baldeando la cubierta del crucero del amor.
No muy lejos de los hermanos Salinas, en un pasaje de la Vega Central, se ha instalado una serie de locales con productos peruanos, aportando en colores a los frutos que históricamente se instalaban en este gran mercado y haciendo gala de milagros como el polvo de maca procesado. Su fama es tal que, según cuenta doña Nicolaza, del ‘Rincón Ayacuchano’, es llevado principalmente por chilenos.

El Subidón de Especias
El apelativo de exóticos con el que se reducía cualquier cosa que llegaba del lejano oriente parece ir quedando en desuso en la medida en que las distancias se reducen con el mito de la aldea global. El kamasutra, bastión del erotismo indio y sus centenares de versiones alternativas o apócrifas, parece haberse colado al imaginario de acrobacias sexuales occidentales (independiente de la frecuencia con las que se pongan a prueba).
"En India, cuando se piensa en comida afrodisíaca, se piensa en la situación, en el aroma de las especias, en las luces bajas, en generar un estado que predisponga a las parejas a una situación romántica o erótica", explica Suresh Goklani, dueño del Restaurante Majestic, especializado en comida india.
Es fácil desprender que bajo la lupa de esta milenaria cultura, el erotismo gastronómico emana de un lugar muy distinto a lo que hemos visto en esta suerte de comidas fetiche legitimadas por otras culturas.
Consistente con esta propuesta, basta entrar al Majestic ubicado en calle Santo Domingo para sentir los exóticos aromas del cardamomo, la canela, el anís y el garam masala, condimentos que se cuelan en la infinidad de platos que tras ser degustados, dejan al comensal con una suerte de "subidón" de especias, caminando a 10 centímetros del suelo y predispuesto a la acción. Eso lo saben bien las parejas que constituyen la mayoría de la clientela que viene en busca de los milenarios saberes que la farmacología moderna y la ciencia jamás podrán ofrecer.

Santo Remedio
Si hay que sacarse el sombrero ante un local por atreverse a poner la palabra "afrodisíaco" en el circuito gastronómico santiaguino es al Restobar Santo Remedio. Este diciembre son13 años desde que fueron los primeros en ofrecer una escenografía que resulta espléndida para expresar, de una buena vez, las intenciones de los comensales.
Una propuesta plenamente consciente de la mezcla entre productos y preparaciones provenientes de diferentes puntos del globo, resulta una interesante excusa para dejarse caer en el local de Román Díaz, en Providencia, con aquella persona especial a la cual se desea, de todo corazón, hincarle el diente.
La ondera casona ofrece la atmósfera y la iluminación adecuadas para entrar en calor, con una carta de tragos que se aventura en la utilización de especias que van más allá del limón, del pisco sour y la yerba buena de los mojitos. En cuanto a la carta, es fácil observar la armoniosa convivencia de preparaciones thai, asiáticas, así como del Pacífico más cercano. Una mirada integral a las dos escuelas desde donde bebe lo afrodisíaco.
21 de octubre de 2010
17 de octubre de 2010
©la nación


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